🍋 ¿Cómo repartir los papeles entre hermanos cuando un padre envejece?
Un reparto escrito, tarea por tarea, decidido con sus hermanos, vale más que un desequilibrio sufrido en silencio por no haber nombrado quién hace qué.
Leer la guíaUn padre o una madre que se enfada no siempre hay que calmarlo: su enfado le mantiene en pie, y las preguntas que hacerle se plantean mientras todavía está bien.
Yvan Keyna · Publicado el 15 septembre 2026

Un padre o una madre que refunfuña contra las noticias, un vecino o una vieja historia familiar: el reflejo más habitual es bajar el volumen, cambiar de tema, esperar a que se pase. Un libro sobre la vejez dice lo contrario de ese reflejo: ese enfado no siempre hay que calmarlo. Puede ser lo que mantiene en pie a un padre o una madre.
Una escena de Au secours ! Qui va prendre soin de mes parents ? pone a prueba ese reflejo: un padre o una madre que se enfada delante de un político en la televisión. El libro dice lo contrario del gesto que consiste en calmar: «¡déjele enfadarse! Conoce esa emoción.» 👉 Au secours ! Qui va prendre soin de mes parents ?
Pregunta 1
No, no siempre. El reflejo más habitual es bajar el volumen, cambiar de canal o cambiar de tema. Tomo la postura contraria en Au secours ! Qui va prendre soin de mes parents ?: «Si su padre o su madre se enfada al oír a un político en concreto en la televisión, ¡déjele enfadarse! Conoce esa emoción.»
Ese reflejo parte de una buena intención: queremos evitar que se ponga nervioso, queremos paz en el salón, queremos protegerlo de sí mismo. Pero calmarlo a toda costa tiene un coste que no se ve enseguida: de paso, le quitamos una reacción que le pertenece.
Ese gesto no consiste en dejar que se instale un conflicto, sino en dejar que una emoción exista sin sentirse obligado a apagarla. El matiz es sutil: no se trata de fomentar el enfado, sino de no tratarlo como un problema que resolver al instante.
Pregunta 2
El mismo principio se aplica más allá de la televisión: el libro también desaconseja alejar a las personas que un padre o una madre encuentra pesadas. «No intente apartar a las personas que su padre o su madre considera antipáticas.» Una relación que enfada sigue siendo una relación, y una relación de menos nunca es neutra.
Suele ser el segundo reflejo, una vez asentado el primero: como una persona le pone nervioso, la invitamos menos, evitamos el tema, filtramos las visitas, siempre con la misma intención: protegerlo.
Apartar de la vida de un padre o una madre a una persona que le enfada no tiene nada de automático: esa fricción, a veces, le ocupa y le mantiene en contacto con el mundo. Retirar sistemáticamente lo que molesta también retira lo que da que hablar, y lo que ofrece un tema al que dar vueltas.
Pregunta 3
Porque una emoción que consideramos negativa también da, a veces, un punto de apoyo. El libro lo dice sin rodeos: «el conflicto permite conservar un punto de referencia, sentirse existir, estar vivo.» No se trata de fomentar un desacuerdo, sino de explicar por qué algunos vuelven a él.
Una discusión recurrente, una irritación repetida contra lo mismo no son siempre señales de desgaste: pueden ser costumbres que estructuran un día, igual que un paseo o una comida a hora fija.
Un «punto de referencia» no se juzga entonces solo por su contenido —un político, una vecina, una vieja historia familiar—, sino por su regularidad. Es ella la que le da a un padre o una madre la sensación de seguir una vida que se le parece.
Pregunta 4
Porque esta pregunta se plantea antes de la crisis, no después. Cuando una caída o un diagnóstico le ocurre a un padre o una madre, «no es una fatalidad, pero marca el comienzo de una serie de complicaciones» — y suele ser su vida social, más que su salud, la que sufre el mayor golpe.
Una costumbre corriente lo demuestra: cuando un padre o una madre que va al mercado cada semana se queda inmovilizado unos meses, la dificultad no es solo física — también afecta a una costumbre que se borra, con el sentido que llevaba. «Cuando la rutina se borra, el sentido que la sostenía también…»
Más que una fatalidad, es un momento en el que todavía se puede actuar, porque nada ha cambiado de rumbo aún. Esperar al accidente para interesarse por ello equivale a descubrir, con urgencia, lo que se podría haber observado con calma antes.
Pregunta 5
Dos preguntas, sacadas del mismo capítulo, bastan para empezar: «¿Quién en su entorno podía enfadarle, pero seguía frecuentando de todos modos?» y «¿Qué le hacía enfadarse o le entristecía?». Hacerlas durante una visita normal no requiere ni cita ni preparación especial.
El libro las incluye en una lista más larga, pensada para trazar un mapa de lo que da sentido a la vida de un padre o una madre —sus costumbres, sus placeres, sus vínculos. Un ejemplo concreto lo muestra: un padre o una madre a quien le gustaba saludar al carnicero pudo dejar de hacerlo solo — un detalle que estas preguntas permiten precisamente detectar. Estas dos preguntas tocan directamente lo que enfada, irrita o enerva: no buscan un problema que resolver, buscan un mapa.
Estas preguntas encuentran su lugar en la mesa, en el coche o durante un paseo, sin necesidad de anunciarlas como un tema serio. Sirven para un uso preciso: recrear, más adelante, momentos que se parezcan a los que contaban para él.
Lo que este texto no hace. No dice nada de un enfado que se convierte en violencia, ni de una irritación provocada por un trastorno detectado por un profesional de la salud: estas dos situaciones quedan fuera del marco de un libro, y requieren una opinión que este texto no da.
Este principio —anticiparse haciendo preguntas, en lugar de esperar a un accidente para improvisar— recorre todo un pasaje de mi libro Au secours ! Qui va prendre soin de mes parents ?, que firmé como Yvan Keyna. 👉 Au secours ! Qui va prendre soin de mes parents ?
La próxima vez que el volumen suba demasiado en su casa, la pregunta ya no es cómo calmar a su padre o a su madre, sino qué intenta mantener vivo al enfadarse. No está obligado a apagar ese enfado: puede dejarlo pasar.

Autor: Yvan Keyna
| # | Hecho citado | Enlace |
|---|---|---|
| 1 | Las citas y los ejemplos de esta guía proceden del capítulo 1 «Cuando la vida da un vuelco», sección 1.10 «Tres reglas: anticiparse, anticiparse, anticiparse» | Au secours ! Qui va prendre soin de mes parents ? |
No siempre. El reflejo habitual es bajar el volumen o cambiar de tema; el libro toma el camino contrario e invita a dejarle enfadarse, porque conoce esa emoción. Calmarlo a toda costa le quita una reacción que le pertenece.
Porque una relación que enfada sigue siendo una relación, y una relación de menos nunca es neutra. El libro desaconseja alejar a las personas que un padre o una madre considera antipáticas.
Dos bastan para empezar: quién, en su entorno, podía enfadarle pero seguía frecuentando de todos modos, y qué le hacía enfadarse o le entristecía.
Un reparto escrito, tarea por tarea, decidido con sus hermanos, vale más que un desequilibrio sufrido en silencio por no haber nombrado quién hace qué.
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