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🍋 Ayudar a su padre o su madre mayor: ¿y si le diera más bien un lugar?

En lugar de buscar una cosa más que hacer por su padre o su madre, buscar una cosa que hacer con él o ella, destinada a otra persona.

Yvan Keyna · Publicado el 13 de octubre de 2026

En lugar de buscar una cosa más que hacer por su padre o su madre, buscar una cosa que hacer con él o ella, destinada a otra…

Existe un momento, en la vida de una familia, en el que se empieza a hacer las cosas en lugar de su padre o su madre, en vez de con él o ella. Nadie lo decide. Se instala porque rellenar un formulario lleva dos minutos en lugar de veinte, porque llevar las bolsas es más sencillo que ver a alguien esforzarse, porque una cita con el médico se pide más rápido por internet que por teléfono.

Este vuelco está hecho de cariño y de falta de tiempo. No tiene nada de malintencionado. Pero produce un efecto que casi nadie ve: a fuerza de recibir ayuda, un padre o una madre deja poco a poco de tener ocasiones de servir. Y es precisamente ahí donde algo se cierra.

Este artículo propone un vuelco sencillo. En lugar de buscar una cosa más que hacer por su padre o su madre, buscar una cosa que hacer con él o ella, destinada a otra persona. No es una idea de sentido común: es un principio que desarrollé en todo un capítulo de ¿Quién va a cuidar de mis padres?, y tiene un nombre — contribuir.

Pregunta 1

Por qué la ayuda, al acumularse, acaba quitando algo

Tome una semana cualquiera en una familia en la que el padre o la madre vive solo en su casa y todavía se las arregla muy bien. El correo administrativo lo gestiona su hija. La compra pesada se la traen a domicilio. La cita con el especialista la concertó su hijo, que también volvió a llamar a la secretaría para cambiarla.

Cada uno de estos gestos es útil, gratuito y bien intencionado. Sumados, sin embargo, dibujan una posición: su padre o su madre se ha convertido, en la organización familiar, en aquel de quien se ocupan. Un destinatario. Nunca un emisor.

Ahora bien, lo que mantiene en pie a una persona, a cualquier edad, no es estar bien atendida. Es tener todavía una razón para ser esperada en algún sitio por alguien. Un padre o una madre muy rodeado de gente puede sentirse profundamente inútil, y las dos cosas no tienen nada de contradictorio.

Es el punto ciego de las familias atentas. Se mide lo que se da. Nunca se miden las ocasiones de dar que se retiran.

Pregunta 2

Lo que el libro llama «contribuir»

El capítulo dedicado a la contribución, en ¿Quién va a cuidar de mis padres?, se abre con una frase que desplaza por completo la mirada:

«Ya no se trata solo de ayudarlo, sino de permitirle existir a través de lo que comparte, hace o transmite.»

La palabra importante es existir. No se trata de ocupar a su padre o a su madre, ni de buscarle una actividad para llenar sus tardes. Se trata de devolverle un papel en el que otra persona depende de lo que él o ella aporta.

El libro lo relaciona explícitamente con la necesidad de estima y de realización personal: «a una edad avanzada, contribuir se convierte en una manera de seguir existiendo plenamente». Es una diferencia de naturaleza, no de grado. Una actividad ocupa. Una contribución sitúa.

Y el vuelco tiene una consecuencia práctica inmediata: no cuesta nada ponerlo en práctica, porque no requiere ni material, ni inscripción, ni presupuesto. Solo requiere cambiar al destinatario del gesto.

Pregunta 3

Cinco cosas que se hacen entre los dos, y que van destinadas a un tercero

El libro da quince. Aquí van cinco, recogidas tal y como están escritas en él, elegidas porque se practican entre los dos y no requieren ninguna preparación especial.

Primero, cocinar para alguien que no tiene nada. «Ofrecer una comida a una persona sin hogar con su padre o su madre: cocinar entre los dos y vivir juntos un acto de generosidad concreto y cargado de sentido.» Es sin duda la más fuerte de las cinco, porque moviliza un saber hacer que su padre o su madre a menudo domina mejor que usted.

Segundo, transformar un paseo. «Recoger basura con su padre o su madre: transformar un paseo en un gesto por el planeta y en un momento compartido.» El paseo ya existía; lo que cambia es que ahora sirve para algo externo a ustedes dos.

Tercero, escribir. «Escribir una carta a una persona sola o aislada: redactar entre los dos un mensaje de apoyo para romper la soledad de otra persona.» Una generación que ha escrito cartas toda su vida encuentra aquí un terreno en el que es legítimamente mejor que la de usted.

Cuarto, hacer una visita. «Visitar a una persona hospitalizada o en convalecencia con su padre o su madre: compartir juntos un momento de escucha y de consuelo.» Una visita hecha entre los dos no es lo mismo que una visita hecha en solitario: su padre o su madre está ahí presente como adulto, no acompañado como paciente.

Quinto, donar. «Una simple donación de diez euros hecha por su padre o su madre a una asociación local le ayudará a él tanto como ayudará a la asociación.» El importe no tiene ninguna importancia. Lo que cuenta es que la donación salga de él o de ella, y no de usted en su nombre.

Pregunta 4

El límite, y es real

Sería deshonesto presentar la donación sin su contrapartida, y el libro tampoco lo hace. Advierte, en el mismo capítulo, contra «esos organismos rápidos en sugerir donativos», y recuerda una realidad que las familias descubren a menudo demasiado tarde: «nuestros padres y madres mayores son los más susceptibles de sufrir abusos».

La regla práctica cabe en una línea: la donación se elige entre los dos, de antemano, nunca a raíz de una llamada recibida una tarde. Una asociación que se ha elegido juntos, de la que se conoce el nombre y el objeto, no tiene nada que ver con una solicitud que llega por teléfono y se va con un número de tarjeta.

Este límite no es un freno al principio. Forma parte de él: contribuir supone elegir a quién se da, y elegir supone no tener prisa.

Pregunta 5

Lo que usted puede esperar, y lo que no

Seamos precisos, porque es el tipo de tema en el que se promete mucho. No voy a decirle que hacer voluntariado entre los dos mejorará la salud de su padre o de su madre, su memoria o su estado de ánimo. No tengo ni idea, y nadie puede garantizárselo.

Lo que cambia, en cambio, es observable sin ningún instrumento. Su padre o su madre pasa del estatus de persona de la que se ocupan al de persona cuyo aporte tiene un destinatario. Vuelve a tener algo que contar que no tiene que ver ni con su salud ni con sus citas médicas. Y usted comparte con él o ella una actividad que no es una prestación de servicio — lo cual, para muchas familias, es el verdadero alivio.

También hay un efecto secundario del que se habla poco: la relación deja de ser asimétrica. Mientras uno da y el otro recibe, la deuda se acumula en silencio, y pesa por los dos lados. Una acción conjunta orientada hacia un tercero borra esa contabilidad.

Pregunta 6

Por dónde empezar, en la práctica

El método más seguro es también el más modesto: una sola de las cinco, una sola vez, sin convertirlo en un programa ni en un proyecto familiar.

La propuesta cuenta tanto como la acción. Una cosa propuesta como un servicio que se pide — te necesito para cocinar este plato, tú lo haces mejor que yo — no tiene el mismo efecto que una cosa propuesta como una distracción. En el primer caso, su padre o su madre es útil. En el segundo, está ocupado.

Los capítulos citados en este artículo son los de ¿Quién va a cuidar de mis padres?, escrito por Yvan Keyna.

Y si la respuesta es no, no es un fracaso. Una negativa se vuelve a proponer más tarde, sin insistir y sin convertirla en un tema. Es una regla que vale mucho más allá de este artículo, y que desarrollo en otra parte en ¿Quién va a cuidar de mis padres?.

Portrait de Yvan Keyna

Autor: Yvan Keyna


Fuentes empleadas (1)
# Hecho citado Enlace
1 Las citas y los ejemplos de esta guía proceden del libro ¿Quién va a cuidar de mis padres?

Preguntas frecuentes

¿Por qué la ayuda, al acumularse, acaba quitándole algo a su padre o a su madre?

A fuerza de recibir ayuda, un padre o una madre deja poco a poco de tener ocasiones de servir. Se mide lo que se da. Nunca se miden las ocasiones de dar que se retiran.

¿Qué significa «contribuir» para un padre o una madre mayor?

No se trata de ocupar a su padre o a su madre, ni de buscarle una actividad para llenar sus tardes. Se trata de devolverle un papel en el que otra persona depende de lo que él o ella aporta.

¿Cómo hacer una donación con su padre o su madre sin riesgo?

La donación se elige entre los dos, de antemano, nunca a raíz de una llamada recibida una tarde. Una asociación que se ha elegido juntos, de la que se conoce el nombre y el objeto, no tiene nada que ver con una solicitud que llega por teléfono y se va con un número de tarjeta.

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